TIERRA DE GRACIA, CORAZÓN DE ESPERANZA

Ser venezolano no es solo una circunstancia de nacimiento, es mucho más que eso. [Corazón con la bandera de Venezuela]

En esta edición 126 de Gente Lo Nuestro. Tras los sismos del pasado 24 de junio del 2026, que dejó una profunda huella en Caracas, La Guaira, Falcón y muchos otros rincones de nuestra nación, nos hemos enfrentado a la fragilidad de lo material. Sin embargo, en medio de los escombros y la incertidumbre, ha brotado con fuerza lo que realmente nos distingue: la venezolanidad en su expresión más pura.

¿Qué nos hace ser quienes somos?

Nos define una pasión desbordante, una entrega que no conoce de horarios, ni de cansancio. El venezolano es, por naturaleza, un ser de mano extendida. Somos el vecino que comparte su pan, el extraño que se convierte en hermano ante la necesidad y el soñador que, aun en la adversidad, no pierde la capacidad de sonreír. Nuestra resiliencia no es un acto de estoicismo pasivo; es una fuerza activa, una capacidad sobrenatural para levantarnos, sacudirnos el polvo y empezar de nuevo, siempre mirando hacia adelante con el optimismo como estandarte.

En estos momentos, nuestro primer llamado es a la oración. Como pueblo, reconocemos que Jesucristo debe ser el centro de nuestra existencia, el cimiento sobre el cual reconstruimos cada pared caída. La oración no es el refugio de quienes se rinden, sino el arma más poderosa de quienes deciden vencer.

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