Dos estudios publicados en 2026 ponen nuevamente el foco en cómo el cerebro necesita “resetearse” para aprender. Desde la siesta reparadora hasta los estragos que genera el insomnio en el rendimiento académico.
No solo se trata de dormir, sino de cómo dormimos. Desde hace siglos que se destaca el poder del sueño no solo para ser funcionales durante el día sino como fuente de juventud y de alimento para el desarrollo del cerebro.
Los cambios constantes de la vida actual y las múltiples distracciones son muchas veces enemigos del descanso reparador. Pero incluso cuando todas las condiciones parecen estar dadas para que el sueño llegue, el fantasma del insomnio y el estrés crean un círculo vicioso de falta de “apagado” del cerebro.
Así como siempre se celebra la siesta como un momento de descanso diurno, la falta de sueño nocturno puede ser más preocupante de lo que se creía; en especial cuando se analiza dormir en vínculo con el acto de aprender.
45 minutos dorados para aprender mejor
¿Cuánto tiempo es lo ideal para una siesta? A veces, diez minutos pueden ser totalmente reparadores, y una siesta de dos horas demoledora.
De acuerdo al informe publicado en enero de 2026 por la Universidad de Friburgo, en Alemania, junto al Hospital Universitario y la Universidad de Ginebra, la clave está en la siesta de 45 minutos.

Una pausa que no solo ayuda a que el cerebro tenga un “reset” real, sino que también impacta en el aprendizaje. La investigación liderada por Christoph Nissen y publicada en “NeuroImage” plantea que una siesta de 45 minutos es suficiente para reorganizar las conexiones entre las células nerviosas, lo que permite que nueva información pueda almacenarse con mayor eficacia, algo clave para aprender.
Hasta ahora, estaba evidenciado este proceso de reconexión neuronal en una noche completa de sueño, pero no estaba claro en cuántos minutos realmente podía tener lugar.
Los 45 minutos permitirían un “reinicio sináptico” real, permitiendo un descanso de la saturación generada a lo largo del día al procesar nuevas impresiones o conocimientos y haciendo que la capacidad del cerebro disminuya a la hora de aprender.
El estudio examinó a 20 adultos jóvenes sin patologías diagnosticadas, quienes se dividieron en grupos: los que tuvieron una siesta reparadora y aquellos que permanecieron despiertos durante dos tardes.
A partir de la estimulación magnética transcraneal (EMT) y el electroencefalograma (EEG), los investigadores lograron evidenciar la fuerza y la flexibilidad del reinicio sináptico, estableciendo el promedio de impacto a lo largo de 45 minutos de siesta.
Además, se constató que cuando los participantes del experimento se despertaron empezaron a formar nuevas conexiones, una actividad cerebral clave para tareas de memoria y de integración de conceptos.
El insomnio: enemigo del rendimiento académico
Así como la siesta repara, el insomnio destruye. Y en especial a largo plazo.
Un reciente estudio de la Dra. Linn Nyjordet Evanger y colaboradores del Departamento de Salud Pública Global y Atención Primaria de la Universidad de Bergen en Noruega puso el foco en la falta de sueño en la adolescencia.
Esta investigación fue retomada por un artículo de la Asociación Educar para el Desarrollo Humano, publicado a inicios de 2026, que busca evidencia concreta en datos oficiales de calificaciones escolares.
Publicado por el Dr. Nicolás Parra Bolaños, la hipótesis principal plantea que a menor cantidad de horas de sueño y una mayor sintomatología de insomnio se obtendrán calificaciones más bajas, algo que se sostiene a lo largo del tiempo de forma longitudinal.
Fuente: La Nación
El funcionamiento de la memoria requiere de sueño real; dormitar o rumiar no son suficientes para la consolidación de la misma. Además, el estudio demuestra que el insomnio tiene un mayor impacto en los adolescentes, donde la depresión y la ansiedad suelen tener una relación bidireccional compleja.
Por otro lado, el trabajo remarcó también que se observan cuestiones de género marcadas en cuanto al insomnio: las mujeres —y en especial las adolescentes— suelen experimentar un mayor efecto negativo en la memoria. Diversos estudios destacan que las mujeres necesitan dormir más que los hombres, en especial para garantizar el equilibrio físico, hormonal y mental.
Observar el sueño, o la falta del mismo, en niños y jóvenes incluso llevó a varios gobiernos a replantearse el horario de ingreso escolar.
Por ejemplo, de acuerdo a la Sociedad Española de Médicos y Familia:
“En España, cuatro de cada diez menores de entre los 8 y 16 años no cumplen con las recomendaciones de horas de sueño de lunes a viernes. Esta realidad se acentúa sobre todo en los adolescentes, ya que más de la mitad de ellos duerme menos horas de las recomendadas.”
De esta forma, el 52,4 % de los adolescentes van a clase con menos de 8 horas de sueño, lo que repercute en su rendimiento académico y en su capacidad de gestión afectiva y emocional.
“Soñar con los angelitos”, ya sea de día o de noche, puede ser una gran estrategia para fomentar el aprendizaje, escuchando lo que el cerebro realmente necesita para dar el 100 % de su capacidad.