Una neurocientífica canadiense explica qué ocurre en el cerebro cuando el estrés se vuelve crónico
Por revistagln•March 12, 2026
Hay un tipo de cansancio que no se cura con un fin de semana largo. No aparece de golpe, no duele y, sin embargo, va limando la atención, la paciencia, la creatividad e incluso la manera en que tomamos decisiones.
Cuando finalmente lo registramos, muchas veces ya estamos funcionando “en automático”: presentes en el trabajo, pero lejos de estar realmente disponibles a nivel interior.
La neurocientífica canadiense Terrie Hope se refiere a este fenómeno, cada vez más común en la vida moderna, con un término claro: estrés crónico.
Terrie Hope: neurociencia aplicada al bienestar y al rendimiento
Con una formación inicial en la industria farmacéutica y un giro posterior hacia la neurociencia aplicada, desde 2010 Hope investiga cómo los cambios en la coherencia neural y la regulación del sistema nervioso influyen en la función cognitiva y la resiliencia emocional.
En su trayectoria destaca haber sido miembro del equipo neurocientífico de Joe Dispenza y liderar el primer estudio científico para evaluar la efectividad de Access Bars, una técnica manual creada por Gary Douglas en 1995, que se asocia a mejoras en coherencia cerebral y reducción de indicadores de ansiedad, depresión y estrés.
Actualmente Hope viaja por el mundo como conferencista y trabaja con líderes corporativos y atletas de alto rendimiento, ayudándolos a optimizar su desempeño y replantear esquemas productivos.
“No estamos frente a un problema de motivación. Estamos viendo el límite de un modelo que exige sin recuperar”, advierte Hope.
El estrés crónico y el modelo de productividad moderna
Para la especialista, el problema no es únicamente individual, sino también cultural.
Según Hope, el paradigma de “resistir y empujar” está llegando a su límite, y debe ser reemplazado por un modelo más sostenible donde bienestar y alto rendimiento puedan coexistir.
“Hay una idea instalada de que el cerebro controla todo, pero es exactamente al revés: cuando hablamos de la mente y de cómo existimos en el mundo, el cerebro es lo último”.
Cuando se le pregunta qué es lo primero, responde:
“La persona. El ‘ser’. Es lo que nos impulsa y lo que toma las decisiones”.
Cómo se genera el estrés en la vida cotidiana
Hope explica que el estrés depende en gran medida de cómo interpretamos nuestras experiencias diarias.
Por ejemplo, si una persona percibe su trabajo como una actividad alineada con su personalidad, el impacto estresante será menor.
En cambio, cuando alguien se fuerza constantemente a hacer algo que va en contra de su naturaleza, el estrés aparece y se acumula.
El problema es que el estrés no siempre se detecta de inmediato.
Para algunos se traduce inicialmente en un aumento de energía, hasta que finalmente aparece el agotamiento.
“El estrés es insidioso: el cerebro se adapta para que puedas seguir funcionando con ese estrés… hasta que deja de poder”.
Qué ocurre en el cerebro cuando vivimos estresados
Desde el punto de vista neurológico, el estrés crónico genera una activación constante del sistema nervioso.
La amígdala cerebral permanece en alerta permanente, perdiendo la capacidad de distinguir entre peligros reales y situaciones cotidianas.
Esto produce una reacción en cadena:
Mayor reactividad emocional
Inflamación cerebral y vascular
Mayor riesgo de enfermedad coronaria
Diversos estudios han encontrado que las personas con altos niveles de estrés presentan mayor inflamación en las arterias, uno de los factores asociados a problemas cardiovasculares.
El impacto del estrés en la productividad laboral
El estrés también afecta directamente el rendimiento profesional y la productividad en las empresas.
Según Hope, el estrés “secuestra” la función ejecutiva del cerebro, ralentizando la actividad de la corteza prefrontal, área responsable del pensamiento, la planificación y la toma de decisiones.
El resultado es claro:
Disminución de la concentración
Baja productividad
Funcionamiento en “modo automático”
Estudios internacionales indican que solo alrededor del 30% de los trabajadores están realmente presentes en su trabajo, y ese nivel de presencia disminuye a medida que avanza la semana laboral.
Access Bars: una terapia alternativa para reducir el estrés
Dentro de sus investigaciones, Hope también ha estudiado la técnica Access Bars, una terapia energética no invasiva.
El método consiste en aplicar toques suaves en 32 puntos específicos de la cabeza, con el objetivo de liberar bloqueos mentales, estrés y creencias limitantes.
Según los estudios liderados por Hope:
84,2% de reducción en ansiedad tras una sesión de 90 minutos
80% de mejora en coherencia cerebral
76% de reducción significativa del estrés en otro estudio independiente
Muchos participantes reportaron mayor claridad mental, mejor capacidad de concentración y mayor sensación de bienestar.
Hope aclara que no se trata de una solución definitiva, sino de una herramienta complementaria para mejorar el funcionamiento del sistema nervioso sin recurrir a fármacos.
Cómo empezar a manejar el estrés
Para quienes comienzan a notar signos de estrés, la especialista recomienda aumentar la conciencia sobre los patrones de vida cotidianos.
Pequeñas señales pueden ser reveladoras:
relaciones que generan malestar constante
conversaciones que terminan siempre en conflicto
actividades que drenan energía
“No sigas en piloto automático. Navegá hacia lo que funciona y cambiá lo que no”.
Una reflexión final sobre el estrés y la vida moderna
Para Terrie Hope, el gran aprendizaje es simple:
“Podríamos prosperar —en lugar de sobrevivir— si en vez de hacer cosas que nos drenan, hiciéramos cosas que nos honran”.
El estrés, explica, no es una enfermedad ni algo que pueda eliminarse con una pastilla. Surge de la forma en que vivimos y percibimos el mundo.
El cerebro intenta adaptarse, pero cuando el límite se supera aparece el conocido burnout, una especie de freno de emergencia del sistema nervioso.
Y ese, concluye Hope, es el verdadero mensaje del cuerpo:
el modelo de vida que seguimos ya no es sostenible.
Fuente: La Nación.
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